9/06/2006

historias

Ella cerró la puerta para no tener que mirarle más. Salió rápido, casi corriendo, pero sus tacones no le dejaron ir más deprisa – correr con tacones solo es posible en las películas. Y siguió sin mirar atrás, solo viendo las miles de luces que en una calle ancha de noche tocan las narices a todo aquél que quiere dormir. Dos calles más abajo consiguió parar un taxi, de los de toda la vida, de los del señor mayor que te dice “hola guapa, ¿dónde te llevo?”. Le miró del modo más neutro que pudo y aguantando las lágrimas le dijo:
- Lejos. Yo no soy de aquí.

El hombre de piel morena arrancó sin más. Supongo que él tampoco quería detalles, la chica parecía de fiar y él quería una buena carrera. En la esquina ella le espetó donde quería ir. Aceptó. Y salieron de la ciudad que brillaba con luces de neón para ir a un pueblo de mar de casas blancas, barcos pequeños y turistas con sandalias y calcetines.
El taxista la iba mirando, ¿una niña pálida con cara de muñeca donde podía ir a aquellas horas? ¿Curiosidad? Pues sí.

Él quería hablar, pero ante el “hoy hace calor ¿eh?” ella sólo respondía con monosílabos políticamente correctos, nada más, y seguía mirando por la ventana. No, no miraba por la ventana. Estaba allí, quieta, recordando el portazo que dio. Y recordándole a él, casi con nostalgia, si no fuera porque alguien le dijo una vez que no se puede tener nostalgia de algo tan reciente. Iba regalando medias sonrisas a la nada, medias sonrisas de nostalgia reciente. Medias sonrisas cada vez que por su cabeza pasaba como aquél día, sin quererlo, acabó colgada de su brazo mientras se reía con un aire desenfadado pero cauto por aquello de mantener una buena imagen delante del desconocido con barba de tres días.































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si se animan a continuar su historia estaré encantada :)

16 comentarios:

hyde dijo...

Llàstima que aquestes històries i sensacions no succeeixin a la vida real.

TORO SALVAJE dijo...

Ya me animaría, pero acabarían ella, el taxista, el desconocido de la barba de tres días y yo, en cualquier garito, destripandos sus penas, buscando calor humano y ahogándose en nostalgia, mejor que la continue alguien que los haga felices.

Besos.

Iurema dijo...

Cientos de momentos flasheaban su cabeza. Tres años proyectándose en la ventanilla. El taxista había dejado de intentar entablar conversación y el zumbido de radio-taxi había empezado a tapar los sonidos de los vehículos de la calle, convirtiendo en ordinario ese momento de su vida. Como una cosa más. También sólo en las películas estos momentos son trascendentes en la vida de los personajes, con esa música de fondo. La realidad es que nada se detiene.

Entonces el taxi se para. 32 euros con 65. Eso no se perdona. Ya son casi las 4 de la madrugada y no quiere pensar en nada. Se sienta en el sofá y enciende la tele. Coge la botella de whisky y se sirve una copa. Y otra. Y otra. La realidad se empieza a deformar y las sensaciones a exagerarse. Entonces suena el teléfono.






Me ha gustado la idea. Alguien puede seguir después de mí? :P

stel dijo...

uoooo, ha entrado el wisky en el juego :) quien se anima?????
^^

mixtu dijo...

a mi me animaria, pós estay muy hermosa, aguardo la continuacion con happy end o no... yaya

petons e petonets

Henry S. dijo...

Pero nadie habla y en seguida cuelgan

Lost in Translation dijo...

nostalgia...records..

jo esticm assa nostalgica ara com per parlar de nostalgia. Avui es un d´aquells dies que em ve de gust passejar vora la platja. No se si anirà be per la nostalgia, potser que em donará mes?

Lost in Translation dijo...

uhm no sabria com acabar la historia!

Isthar dijo...

Y deja que suene. Ya conoce la voz y las palabras que esperan al otro lado. Ya conoce la historia, ya conoce el juego, ya conoce el final.

Pero esta vez, por un instante, tiene la fuerza para dejar que suene y no descolgar. Sabe que si consigue que suene lo bastante para hacerse inmune, ya no habrá nada que no pueda conseguir.

Y esta vez, por ella, por su vida, por el futuro que todavía anda llamando a su puerta, ha decidido no descolgar, y seguir su camino.

Pero al día siguiente el teléfono sigue sonando y sus nervios empiezan a hacer flaquear su entereza por un momento...

Raúl dijo...

Tomó un lapiz y empezo a trazr lienas a la loca, como siguiendo el ritmo del timbre del teléfono... Y poco a poco el caos de la hoja de papel se fue volviendo un rostro hecho de carbón y lágrimas. El rotro que ella necesitaba y odiaba. el rostro que le había marcado la vida en tan corto tiempo. Se sabía todos los ángulos y las drepsiones de esa cara y de ese cuerpo. Podría reconstruirlo de la nada, así no quisiera hacerlo...

Entonces contestó...

-¿Aló?

- La realidad no es más que un resultado del azar...-dijo una voz gruesa que parecía recitar.

(Ella recordaba los poemas que él le había regalado, sus encantadores planteamientos sobre el mundo y sus dedos jugando con la guitarra... y la mujer que dijo ser su esposa. No decía nada, pero no colgaba)

-¿Por qué de repente te importa tanto esa realidad?

(Ella lo recordaba como ese ser hermoso, perfecto, que la hacía creer en todas las fantasías que siempre había tenido en su mente. Que la hacía ver como versos todas las situaciones...)

-No dejes que tus prejuicios nos bajen de nuestra nube...

(...)

stel dijo...

y abrió el armario. Buscó el botecito transparente de tapón blanco para irse con él al sofá. Lo abrió. Jugó con su contenido, lo sacó, lo metió, lo volvió a sacar y de nuevo a fuera.

Cinco minutos.

Diez.

Paró en seco, miró por la ventana y el contenido del botecito fue a parar a su mano. Los once tranquilizantes fueron pasando uno tras otro por su cuello ayudados por el basito de agua que había llenado en la cocina.
Pensó que lo peor que le podría pasar fuera despertarse al cabo de tres días medio tonta con el dibujo de ese que sigue insistiendo al otro lado del teléfono.
Pensó que todavía era más guapo que el primer día.
Y se tumbó.

argamenon dijo...

¡Esperar! Si, así de fácil.
Todo parecía consistir en eso: cerrar los ojos, dejar de escuchar el tic-tac del despertador, olvidarse del calor tenue de la luna filtrándose descarada por la ventana.
¡Esperar, esperar, esperar… !

Veinte minutos después o quizás cuarenta, - ¡quién lo sabe! – en todo caso parecía haber transcurrido toda una vida llena de sensaciones, vaivenes, carreras, y paradas en seco, se encontró sentada en el suelo de su baño abrazada desesperadamente al inodoro, y observando absorta como un hilillo de baba discurría frágil y cristalino desde el extremo derecho de su labio inferior hasta el gran remolino de agua turbia donde danzaba al pairo un velo tenue blanco y amarillo.
No comprendía nada y tampoco lo intentaba , sólo miraba agarrada a su tabla de salvación para no perder aún más el equilibrio de su medio cuerpo inestable.
¿Sería posible?
¿ Estaban también allí danzando su esperanza y su desesperanza, su miedo, su rabia, su dolor, y quizás también - así al menos le pareció haberlo visto por el rabillo del ojo - ese recuerdo ya casi difuso con barba de tres días ?
¿Sería posible que fuera tan fácil después de todo?: una arcada a tiempo, el ánimo de no ensuciar la cama, y el poste amigo próximo al que agarrarse en noche de tormenta.
¿Y mañana…?
Sin duda resaca, dolor de cabeza, más calor, y una fina capa de olvido.

argamenon dijo...

Lamento que lo que creía el principio se convierta en el fín.
Con permiso de la autora, ¿alguien se anima a seguir...?

stel dijo...

parece que seguir historias cuesta... aun así yo te dejo darle más vida Argamenon :)

argamenon dijo...

La verdad es que no me atrevo a darle más vida. La sentí tan injustamente triste, tan sin fuerzas para protestar, tan sin ánimo de tomar una resolución, dejándose llevar por lo posible pero no necesariamente pretendido, que tan sólo me limite a respetársela.
Pero querría saber más. Querría saber si al día siguiente, y superada la resaca, sentiría ganas de volver a ese pueblo de mar con casitas blancas. Querría saber por qué de esa llamada, la del mar. Querría también saber si ese mar blanco y azul, y limpio, y poco a poco más tranquilo, sin apenas turistas con sandalias y calcetines, que no había sabido retenerla la noche anterior para poder hablar con ella o, al menos, para escuchar sus quejas, seria hoy capaz de devolverle una sonrisa.
La verdad es que aún sigo queriendo saber más cosas de esa niña pálida con cara de muñeca.

stel dijo...

...y pensó que no se quería levantar, que el frío suelo de baldosas blancas era el mejor sitio donde terminar. Nada de sofás, nada de ir a la cama. Allí, tumbada, medio de lado, ¿que mejor lugar de esa casa para caer y no levantarse más?
Era perfecto, de película de serie B: la niña mona y pálida tirada sobre un suelo blanco medio cogida a un vater. Ideal. Horrible.
Se durmió balbuceando cosas incomprensibles, que si adiós, que si no te veré más, que si te quiero... Mezclaba idiomas, con él hablaba en catalan y ella de siempre había sido castellanoparlante. Mezclaba ideas. Su cabeza mezclaba mil historias, iba demasiado revolucionada, pensaba, hablaba, lloraba y se durmió con una lágrima bajandole por la mejilla.

Rato después, horas, un día quizas, los golpes que una mano fuerte daba en la puerta de la casa provocaron que tubiera que abrir los ojos...


(sigamos la historia pues)