12/13/2006

cambios

Estos días estoy pensando mucho en como pueden llegar a cambiar las cosas en poco tiempo.

Mi casa cambia de cara. Estamos en obras. Cambios. Mil cosas nuevas, la cocina, el suelo, el friega platos (nunca hemos tenido así que tocará investigar como funciona). Novedades, escoger cosas y hacerlas combinar entre ellas (claro, teniendo que estar de acuerdo mi padre, mi madre y yo, cosa no siempre fácil). Cosas, cambios, polvo y runa. Cambios que harán que mi casa tenga otro color, otro nosequé que la hará distinta, quizás más moderna, quizás más nuestra, más a medida. Desde que la hicieron no se había cambiado nada, la cocina juraría que ha aguantado más de cuarenta años (y que hubiera podido resistir otros tantos más – me gustará ver lo que dura la nueva) y el suelo esta intacto, pero muy viejecito el pobre. No se, mi casa, la casa que había hecho mi abuelo con sus amigos y conocidos esta cambiando para adaptarse al paso de los años. A ver como será. Ya tengo ganas de poder volver la mesa en el comedor y sentarme delante de la chimenea nueva y no hacer nada.

Además, ayer hablamos en clase de inglés de algo que últimamente me ronda por la cabeza: el paso del tiempo. Lejos de ponerme trascendental y hablar de la muerte o cosas por el estilo, lo que me preocupa es que día a día me voy dando cuenta que me hago mayor y que mi mundo crece conmigo. No es que haya abierto los ojos y me haya dado cuenta de un día para el otro que tengo veintiún años y que mis padres pasan de los sesenta, sino que veo que ellos ya no pueden hacer cosas que hacían antes, o es tan simple como escucharles decir “eso a los treinta no me pasaba”. O yo que se, que mi madre dice que no coge el coche para bajar a Barcelona porque ahora le da más cosa eso de ir sola por ahí!! Además, te encuentras con que empiezas en serio en esto de ejercer tu profesión y ves que la cosa no para, que poco a poco vas adquiriendo alguna responsabilidad (siempre tutelada por el jefe, claro) y que encima te gusta.

O también vas viendo como amigos empiezan a hablarte de mirar casas o pisos, de hipotecas o de inscripciones en las eternas listas para acceder a viviendas de protección oficial. O hablas con ella, la que se aventuró a vivir sola desde los dieciocho y de sus problemas con la luz (bueno, mejor dicho con los cortes de luz) y de lo bien que estamos los que vivimos en casa con los padres.

Y además, te miras a ti y ves que por suerte o por desgracia ya no eres la misma que hace un año, que evolucionas y que tu mundo lo hace contigo. Dejas la universidad y empiezas a trabajar. Tienes pareja y quieres tenerla, en cambio, tienes amigos que te cuentan que están con alguien por estar, por aquello que dicen muchos que tenemos la extraña necesidad de sentirnos queridos y que nos mimen un poquito, aunque sea alguien que posiblemente en diez años ni recordemos.

También ves que el tiempo te deja escoger a los amigos, o bien que ellos te escojan a ti, porque hay gente que antes estaba y ya no esta o que por lo menos ya no esta tanto como antes. Y aparece gente, aunque sea por e-mail, diciendo que quiere verte para contarte cosas y que le vuelvas a recomendar otro libro; o ella, que a pesar de estar de trabajo hasta ahí dice que acepta una llamada de las mías para cotillear un rato y desearle suerte para el examen del lunes. Y claro, te alegras mucho de que aparezcan, porque le dan salsa a todo y te hacen ver que tienes suerte de que estén contigo.

Y como no, hay mucho más. Tienes al jefe que te da lecciones cada día de cómo conseguir lo que quieres, es decir, por teléfono por ejemplo, ser lo más amable que se pueda para acabar colgando y decir que es un incompetente (por decir lo más suave que oigo desde su mesa). O ves la tele y escuchas a los chavalines del programa de la Otero diciendo que eso es viejo porque tiene veinte años (e inmediatamente piensas que tu en breve veintidós, así que mejor ni te plantees que debes ser para ellos).

Pero por otro lado ves que los cambios que te suceden, pasan en buena parte porque tu lo eliges y esa capacidad de decisión más o menos acertada antes no la tenías. Así que ves que cada día intentas modificar tu mundo para que sea un poquito más a tu medida, más como quieres o por lo menos con quien quieres en él, y eso te hace sentir privilegiada, incluso algo especial.

Además, estas feliz porque te permites hacerle jugar, inventarte cosas para él y decirle que las cosas cambian y que todo no puede se malo, que hay mil cosas pequeñitas que le dan gracia a eso de crecer. Y por supuesto esperas con ilusión que llegue mañana, para ver como cambia su cara al abrir los regalitos que le harás por su cumpleaños.

9 comentarios:

Lost in Translation dijo...

pero aixo es bo, significa evolucionar no? a mi m´agraden els canvis.

Tb m ha agradat el teu comentari al meu blog.

Noa- dijo...

Toda tu reflexión no solo significa que te vas hacienod mayor, sino que vas madurando.

Saludos

Pep ... però posa-li Angu, també dijo...

Ja ho diu Sabina que la vida són més de 100 mentides que valen la pena.

Un petonarro gegant, bollicao!

Anónimo dijo...

Los cambios son difíciles..los estoy pasando y trato de escribir y los voy superando...

recomenzar.blogspot.com

Blog de alma dijo...

la vida es movimiento y los cambios son signo de ello

Anónimo dijo...

cambio o no cambio?

vaya...

Saludos!

Wods Katzenschwarz dijo...

Ultimamente no había pasado por aquí pero heme aquí!!!
¿Cómo estás?
Espero bien, cuidate, petonets.

Henry S. dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
argamenon dijo...

Tu reflexión, y son muchas ideas juntas y distintas, creo que es del todo acertada; es un análisis de la vida tan nuevo, cuando lo hace uno mismo para si, como tan viejo como el mundo mismo, para el común de los mortales. Todo cambio siempre es cambio: algo nuevo, distinto, a lo que hay que adaptarse. Pero hay muchos posibles cambios. Ese cambio del que hablas de tu cocina y de tu casa, que hay que aceptar por que sí, porque es necesario y no hay más remedio, dejando siempre en la recamara de la memoria la realidad de ayer, tan consistente, tan importante y tan real que formaran para siempre parte de tu vida y gran parte de la vida de los que te rodearon y te rodean. Un cambio es un cambio, algo circunstancial. Pero hay quienes piensan que cambiando de alfombra, o de casa, o de barrio o de ciudad cambian de vida; y esto si que es falso. Uno es lo que es. Evoluciona, se adapta, crece, acepta, se equivoca y rectifica. Este es otro cambio distinto y necesario. Tienes una vida por estrenar, y una vida ya vivida, y unos orígenes, y una memoria colectiva y próxima que no debes olvidar para consolidarla o rectificarla, para revivirla o incluso para rechazarla, si fuera preciso, evitando repetirla. Uno esta cambiando un poco todos los días, y todos los días estrena un día nuevo que pudiera cambiar el resto de su vida, pero eso es el azar, o el destino, o que se yo; el resto, el resto de uno mismo que es lo más consistente de uno mismo, sigue siendo eso, uno mismo y nada más, y esté donde esté, y haga lo que haga debe seguir siendo uno mismo: él y los suyos, aunque los suyos no sólo sean los de ayer y ya conocidos, si no también los de mañana, sin nombres ni apellidos.
El tiempo, y el cambio por el tiempo, es otra gaita. Seguro que debe formar parte de nosotros mismos, y peor para el que no sepa aceptarlo sin angustiarse.
Me temo que la proximidad a las Navidades me ha hecho perder el norte de mis ideas. ¡Que tu buena estrella te guíe siempre, y no te haga desvariar como hoy yo!